Ingrata jugarreta del destino
habernos desbarrancado así
haber apagado las luces
cuando aún no era la hora de dormir.
Ingrata jugarreta del destino
haber callado su voz
cuando quedaban miles y miles
de rancheras por cantar.
Estas no son mis palabras de despedida
porque nisiquiera tuve esa oportunidad
sólo son las lágrimas de una desamparada retina
que esta noche no se quieren secar.
Resulta que nuestros héroes eran de fango
y se fueron derrumbando
para no renacer jamás.
Resulta que si los naipes son el tango
ya no nos queda un mango
para apostar.
Y andá a saber si nos volveremos a encontrar
dicen que nada es eterno en este juego
pero si hubo humo, hubo fuego
y dicen que si hubo fuego las cenizas quedarán.
Me colgué con casi todo en esta vida
pero esta vez me empiezo a ahorcar.
Fernando Pinchentti
