Para que tú me oigas, mis palabras se adelgazan a veces, como las huellas de las gaviotas en las playas. Collar, cascabel ebrio, para tus manos suaves como las uvas. Y las miro lejanas mis palabras. Mas que mías son tuyas. Van trepando en mi viejo dolor como las yedras. Ellas trepan así por las paredes húmedas. Eres tú la culpable de este juego sangriento. Ellas están huyendo de mi guarida oscura. Todo lo llenas tú, todo lo llenas. Antes que tú poblaron la soledad que ocupas, y están acostumbradas mas que tú a mi tristeza. Ahora quiero que digan lo que quiero decirte, para que tú me oigas como quiero que me oigas. El viento de la angustia aún las suele arrastrar. Huracanes de sueños aún a veces las tumban. Escuchas otras voces en mi voz dolorida. Llanto de viejas bocas, sangre de viejas súplicas.




jueves, 19 de agosto de 2010

Lágrimas de una desamparada retina

Ingrata jugarreta del destino
habernos desbarrancado así
haber apagado las luces
cuando aún no era la hora de dormir.
Ingrata jugarreta del destino
haber callado su voz
cuando quedaban miles y miles
de rancheras por cantar.
Estas no son mis palabras de despedida
porque nisiquiera tuve esa oportunidad
sólo son las lágrimas de una desamparada retina
que esta noche no se quieren secar.
Resulta que nuestros héroes eran de fango
y se fueron derrumbando
para no renacer jamás.
Resulta que si los naipes son el tango
ya no nos queda un mango
para apostar.
Y andá a saber si nos volveremos a encontrar
dicen que nada es eterno en este juego
pero si hubo humo, hubo fuego
y dicen que si hubo fuego las cenizas quedarán.
Me colgué con casi todo en esta vida
pero esta vez me empiezo a ahorcar.
Fernando Pinchentti

martes, 27 de julio de 2010

¿Cuál de los dos serás vos? ¿Cuál de los dos seré yo?

Puesto que no somos lo que éramos entonces, porque nuevas moradas se levantaron sobre los escombros de las que fueron destruidas por el fuego y el combate, o, ya solitarias, sufrieron el paso del tiempo, y apenas si de los seres que las habitaron perduran el recuerdo confuso o la leyenda, finalmente apagados u olvidados por nuevas pasiones y desdichas.

lunes, 12 de julio de 2010

Esencia Divina

Allí, en aquel momento, habrá para siempre prendido en su alma esa ansiedad por el tránsito del tiempo, allí se habrá grabado macabra y sórdidamente ese mal metafísico que mueve a casi todos los grandes creadores a rescatarse por el arte: la sola potencia que parece salvarnos de la transitoriedad y de la inevitable muerte: "que j'ai gardé la forme et l' essence divine de mes amours décomposés..."

viernes, 9 de julio de 2010

Ciento Noventa y Cuatro Julios INDEPENDIENTES


Rampas

Tu cuerpo y el lazo de seda rústica que conduce
a las plantaciones
de la costa
el sudor de tu cabellera quemada por las nubes
a los instantes inolvidables
tantas mutaciones de nómade y de clandestinidad
tantos homenajes a una belleza salvaje
que exigen el desorden
Todas las rampas de la vida cambiante
la velocidad del amor
el mágico filtro de la excomunión
la hambrienta luz del desencuentro en nuestras venas
de azote
y el solitario frenesí de las palmeras
cuando en la ausencia
creciendo hacia mi pecho
el fondo de la tierra me devuelve de golpe
todas nuestras caricias
el nudo furioso de la pasión
en las negras argollas del tiempo
aquellos moblajes de desvalijamiento y de lluvias
luz de senos en el mar
y sus gaviotas y sus músicas
sobre un altar de desunión con grandes lunas fascinantes
sin más praderas que tus ojos
país incorruptible
país narcótico
con risas del alcohol en el viento
y tu pelo sobre mi cara.

martes, 6 de julio de 2010

¿Sobre qué debería escribir?

Pero al mismo tiempo experimentaba su crónica impotencia frente a la inmensidad. El Universo era tan vasto. Catástrofes y tragedias, amores y desencuentros, esperanzas y muerte, le daban la apariencia de lo inconmensurable. ¿Sobre qué debería escribir? ¿Cuáles de esos infinitos acontecimientos eran esenciales? Alguna vez le había dicho a él que podía haber cataclismos en tierras remotas y sin embargo nada significar para alguien: para ese chico, para esa chica, para él mismo. Y de pronto, el simple canto de un pájaro, la mirada de un hombre que pasa, la llegada de una carta son hechos que existen de verdad, que para ese ser tienen una importancia que no tiene el cólera en la India. No, no era indiferencia ante el mundo, no era egoísmo, al menos de su parte: era algo más sutil. Qué extraña condición la del ser humano para que un hecho tan espantoso fuera verdad. Ahora mismo, se decía, niños inocentes mueren quemados en Vietnam por bombas de napalm: ¿no era una infame ligereza escribir sobre algunos pocos seres de un rincón del mundo? Descorazonado, volvía a observar las gaviotas en el cielo. Pero no, se rectificaba. Cualquier historia de las esperanzas y desdichas de un solo hombre, de un simple muchacho desconocido, podía abarcar a la humanidad entera, y podía servir para encontrarle un sentido a la existencia, y para consolar de alguna manera a esa madre vietnamita que clama por su hijo quemado. Claro, era lo bastante honesto para saber (para temer) que lo que lo que él pudiese escribir no sería capaz de alcanzar semejante valor. Pero ese milagro era posible, y otros podían lograr lo que él no se sentía capaz de conseguir. O sí, quién nunca podía saberlo.

domingo, 4 de julio de 2010

Apuesto al Quijote aunque anda rengo

Dicen que escapó de un sueño, en casi, su mejor gambeta
que ni los sueños respeta, tan lleno va de coraje
sin demasiado ropaje, y sin ninguna careta.
Dicen que escapó este mozo del sueño de los "sin jeta"
que a los poderosos reta y ataca a los más villanos
sin más armas en la mano...que un 10 en la camiseta.

viernes, 2 de julio de 2010

AL LUGAR DONDE HAS SIDO FELIZ NO DEBIERAS TRATAR DE VOLVER

Y, acaso sin sentido con plena conciencia (pensaba Bruno), no veía el momento de bajar al río y de sentarse de nuevo en el mismo banco, como se quiere repetir un acontecimiento reiterando las fórmulas mágicas que lo provocaron por primera vez; e ignorando, claro, hasta qué punto aquel lunes, que para él había sido perfecto, para Alejandra había sido sordamente angustioso; de modo que los mismos hechos que repitiéndose constituían para él motivo de felicidad, para ella eran causa de desasosiego; fuera de que siempre es levemente siniestro volver a los lugares que han sido testigos de un instante de perfección.