Para que tú me oigas, mis palabras se adelgazan a veces, como las huellas de las gaviotas en las playas. Collar, cascabel ebrio, para tus manos suaves como las uvas. Y las miro lejanas mis palabras. Mas que mías son tuyas. Van trepando en mi viejo dolor como las yedras. Ellas trepan así por las paredes húmedas. Eres tú la culpable de este juego sangriento. Ellas están huyendo de mi guarida oscura. Todo lo llenas tú, todo lo llenas. Antes que tú poblaron la soledad que ocupas, y están acostumbradas mas que tú a mi tristeza. Ahora quiero que digan lo que quiero decirte, para que tú me oigas como quiero que me oigas. El viento de la angustia aún las suele arrastrar. Huracanes de sueños aún a veces las tumban. Escuchas otras voces en mi voz dolorida. Llanto de viejas bocas, sangre de viejas súplicas.




martes, 6 de julio de 2010

¿Sobre qué debería escribir?

Pero al mismo tiempo experimentaba su crónica impotencia frente a la inmensidad. El Universo era tan vasto. Catástrofes y tragedias, amores y desencuentros, esperanzas y muerte, le daban la apariencia de lo inconmensurable. ¿Sobre qué debería escribir? ¿Cuáles de esos infinitos acontecimientos eran esenciales? Alguna vez le había dicho a él que podía haber cataclismos en tierras remotas y sin embargo nada significar para alguien: para ese chico, para esa chica, para él mismo. Y de pronto, el simple canto de un pájaro, la mirada de un hombre que pasa, la llegada de una carta son hechos que existen de verdad, que para ese ser tienen una importancia que no tiene el cólera en la India. No, no era indiferencia ante el mundo, no era egoísmo, al menos de su parte: era algo más sutil. Qué extraña condición la del ser humano para que un hecho tan espantoso fuera verdad. Ahora mismo, se decía, niños inocentes mueren quemados en Vietnam por bombas de napalm: ¿no era una infame ligereza escribir sobre algunos pocos seres de un rincón del mundo? Descorazonado, volvía a observar las gaviotas en el cielo. Pero no, se rectificaba. Cualquier historia de las esperanzas y desdichas de un solo hombre, de un simple muchacho desconocido, podía abarcar a la humanidad entera, y podía servir para encontrarle un sentido a la existencia, y para consolar de alguna manera a esa madre vietnamita que clama por su hijo quemado. Claro, era lo bastante honesto para saber (para temer) que lo que lo que él pudiese escribir no sería capaz de alcanzar semejante valor. Pero ese milagro era posible, y otros podían lograr lo que él no se sentía capaz de conseguir. O sí, quién nunca podía saberlo.

1 comentario:

  1. Creo que esto resume sobre qué debería escribir el muchacho:
    "... Cualquier historia de las esperanzas y desdichas de un solo hombre, de un simple muchacho desconocido, podía abarcar a la humanidad entera, y podía servir para encontrarle un sentido a la existencia, ..."

    Muy bueno!

    Cariños!! =)

    ResponderEliminar