Para que tú me oigas, mis palabras se adelgazan a veces, como las huellas de las gaviotas en las playas. Collar, cascabel ebrio, para tus manos suaves como las uvas. Y las miro lejanas mis palabras. Mas que mías son tuyas. Van trepando en mi viejo dolor como las yedras. Ellas trepan así por las paredes húmedas. Eres tú la culpable de este juego sangriento. Ellas están huyendo de mi guarida oscura. Todo lo llenas tú, todo lo llenas. Antes que tú poblaron la soledad que ocupas, y están acostumbradas mas que tú a mi tristeza. Ahora quiero que digan lo que quiero decirte, para que tú me oigas como quiero que me oigas. El viento de la angustia aún las suele arrastrar. Huracanes de sueños aún a veces las tumban. Escuchas otras voces en mi voz dolorida. Llanto de viejas bocas, sangre de viejas súplicas.




jueves, 19 de agosto de 2010

Lágrimas de una desamparada retina

Ingrata jugarreta del destino
habernos desbarrancado así
haber apagado las luces
cuando aún no era la hora de dormir.
Ingrata jugarreta del destino
haber callado su voz
cuando quedaban miles y miles
de rancheras por cantar.
Estas no son mis palabras de despedida
porque nisiquiera tuve esa oportunidad
sólo son las lágrimas de una desamparada retina
que esta noche no se quieren secar.
Resulta que nuestros héroes eran de fango
y se fueron derrumbando
para no renacer jamás.
Resulta que si los naipes son el tango
ya no nos queda un mango
para apostar.
Y andá a saber si nos volveremos a encontrar
dicen que nada es eterno en este juego
pero si hubo humo, hubo fuego
y dicen que si hubo fuego las cenizas quedarán.
Me colgué con casi todo en esta vida
pero esta vez me empiezo a ahorcar.
Fernando Pinchentti

1 comentario:

  1. He visitado tu blog y me gustó tu manera de escribir.

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